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"Cueva de las
Palomas (la Virgen)"
FICHA: LA CUEVA DE LAS PALOMAS
(la Virgen)
Profundidad Máxima: 19 m
Profundidad media: 15 m
Corrientes: Alguna esporádica pero ligera, sólo en la Punta
Duración aproximada de la inmersión:
60 minutos
Detalles de la zona: De gran interés biológico.
Dificultad: Baja
Acceso: Con embarcación
El nombre de esta inmersión, nos puede inducir a error, y hacernos creer
que la
inmersión se lleva a cabo en una cueva, esto no es cierto, la inmersión
se realiza
totalmente en pared, solo se utiliza este nombre como referencia al
lugar de
anclaje, que se suele hacer cerca de la cueva que recibe este nombre.
Navegando por el macizo de Cerro Gordo, y poco antes de llegar a
la playa de Cantarrijan (si venimos desde la Herradura), encontramos en
el
abrupto acantilado, una cueva, con una apertura baja y alargada, mas
alta por
la izquierda, y tras la cual se abre una gran sala, en la cual caben
perfectamente
hasta tres embarcaciones ligeras, de tipo neumática. Es una cueva digna
de
visitar, con acceso solo por mar, y en la cual deberemos observar el
fondo, que
está en muchos casos, tapizado de coral anaranjado, en un contraste con
el verde
esmeralda de sus aguas.
En su parte aérea, la cueva se abre hacia arriba, creando un gran
espacio,
en el cual existen diferentes relieves rocosos. Uno de estos, se ha dado
en parecer
con el tiempo, por los visitantes que por allí llegan con sus
embarcaciones, que se
asemeja a un Virgen con su niño, por lo que esta cueva, sobre todo,
últimamente,
también empieza a ser conocida como la Cueva de la Virgen, aunque entre
la
gente mas antigua del lugar, hemos oído siempre que recibía los nombres
de
cueva de los murciélagos o cueva de las palomas, este ultimo mas
extendido,
debido a la presencia de estos animales en su interior.
Pues bien esta es la referencia que utilizaremos para situar la
inmersión.
Unos 40 m más hacia poniente, pasada la cueva, se forma una pequeña
bahía,
resguardada del viento, con un fondo rocoso decreciente desde la
montaña,
salpicada enseguida de matorrales, y posteriormente de pinos. La
inmersión se
encuentra en la parte oriental de la zona que se conoce como “los
Ceriantus”,
llamada también por algunos como “la Huertecilla” y que abarca desde
esta
zona de anclaje, le da la vuelta al siguiente cabo, sigue una zona mas o
menos
rectilínea y al llegar al siguiente cabo, gira en dirección a tierra firme. Esto es
referido en sentido de levante hacia poniente. Si bien, la longitud de
esta zona,
la dividiremos en tres partes, ya que normalmente se pueden realizar en
ella tres
inmersiones distintas.
En esta primera, y siempre siguiendo nuestra descripción de inmersiones
en sentido de levante hacia poniente, o lo que es lo mismo desde la
Herradura
hacia el pueblo de Maro, cercano a Nerja, anclaremos, pues, en la bahía
descrita,
en una zona de poca profundidad, entre 7 y 10 m, e iniciaremos la
inmersión
primero en sentido sur, siguiendo el acantilado, y después, al girar la
primera
punta, en sentido oeste, regresando posteriormente en sentido inverso.
Siguiendo, las más elementales normas de buceo, empezaremos a ganar
profundidad, bajando por el fondo hacia la zona de cascajo y arena, y
una vez
alcanzado, nos podemos mantener a ese nivel, mientras realizamos nuestro
recorrido en el sentido descrito.
El fondo esta formado por grandes piedras, que se han soldado con el
tiempo, y que han dejado entre ellas, numerosas oquedades, y algunos
pasillos
y pequeños túneles. En principio, y aprovechando que nos desplazamos
entre
la interfase entre la piedra y el cascajo o arena gruesa, con bolones
sueltos,
nos iremos fijando en la existencia de anémonas que suelen encontrarse
entre
los limites del sustrato rocoso con el sustrato arenoso o de gravas,
como son
la anémona “crasa” (Cribinopsis crassa), y en la Phelia elongata que es
una
anémona de filamentos gruesos y alargados de color verdoso.
Pues bien, mirando detenidamente estos filamentos, sin alterar al
animal,
nos podemos llevar una de las sorpresas, biológicamente más importantes,
que
nos depara este fascinante Paraje Natural, y que consiste en la
convivencia
entre sus filamentos de dos especies de gambitas, que viven en
simbiosis con el
animal, la anémona les da protección y la gambita a cambio limpia los filamentos
de detritus. Son decápodos, del genero periclimenes, muy pequeños, de
entre 1
a 2 cms, y que además tienen la particularidad, de que, además de ser
inmunes
a la acción urticante de la anémona, son casi totalmente transparentes,
dejando
ver el interior de su cuerpo. Son especialmente llamativos, sobre todo,
cuando
están en reproducción, y se les puede ver los huevos adheridos al
abdomen. Son
la delicia del aficionado a la macrofotografía, y la verdad es que al
enseñarlos
al que no esta muy versado en la biología marina de nuestro sufrido mar
Mediterráneo, no cree que sea un animal de nuestras costas, sino de
algún mar
tropical.
Después de entretenernos algunos minutos con este sorprendente
encuentro, podemos continuar nuestra inmersión, siempre con la pared a
nuestra derecha, indagando en las oquedades, entre las que podemos
encontrar
algunos congrios y morenas, y sobre todo son frecuentes los pulpos
protegidos
en sus boquetes y pertrechados de numerosas conchas de moluscos, que
previamente le sirvieron de alimento, y las cuales las reúnen en forma
de
parapeto delante de sí. En la arena empezaremos a ver la presencia de
grandes
Ceriantus membranaceus que le dan nombre a esta zona, y en cuyo pie se
implantan protegidos numerosos foroideos.
Especialmente es de señalar en esta zona, si se bucea de noche, ya que
es una zona muy adecuada para ello, la existencia de numerosas anémonas
de la
especie Alpsias mirabilis, que se extienden por la noche, estirando sus
flagelos,
a la caza del plancton nocturno, formado por pequeñas crías de
crustáceos,
micidaseos y gusanos. Y también de otro animal de hábitos nocturnos y
difícil
de ver, como son los gusanos de la especie Veretillum cynomorium, que de
día
vive enterrado en la arena, pero cuando se oculta el sol empieza a
llenar de agua
sus tejidos, hasta adoptar una forma erguida con numerosos tentáculos,
con los
que captura el numeroso plancton nocturno.
Y en las rocas, además del rico tapiz formado por algas y esponjas,
podremos
observar gran cantidad de ascidias, anémonas incrustantes amarillas, y
frecuentes
“manos de muertos” (Acyonium acaudale). Es frecuente también en estas
oquedades
encontrar algún ejemplar de langosta que se asoma desde su agujero,
dejando que
acerquemos nuestra mascara de buceo hasta tocar sus antenas.
En aguas libres, cerca del fondo, podemos ver diversas especies de
peces:
sargos de varios tipos, doncellas, castañuelas, fadriles, talasomas,
serránidos, y
varios tipos de lábridos, y sobre todo, bancos de salpas ramoneando en
las algas
que crecen sobre las rocas, destellando su librea de color dorado
verdoso.
Como siempre, y una vez consumido un tercio de nuestro aire,
regresamos, simplemente dándonos la vuelta y manteniendo esta vez la
pared
a nuestra izquierda, y disminuyendo paulatinamente la profundidad, que
no
habrá sido superior a los 17 m, lo que aprovecharemos para ver la parte
superior
del recorrido, muy rica en oquedades, con contraluces muy bellos,
propios para
la fotografía ambiental.
El regreso al ancla de la embarcación, es igualmente sencillo, aunque en
caso de no encontrarla, podemos terminar nuestra inmersión perdiendo
fondo
en la pared, saliendo posteriormente a la superficie, con lo que
encontraremos
la embarcación a no más de 10 o 15 m. Por lo tanto, inmersión muy
interesante,
y de casi nula dificultad, en la que la corriente solo hace acto de
presencia en
muy pocas ocasiones, y cuando lo hace es generalmente de poca
intensidad,
apropiada para cualquier nivel de buceo, y de alto interés biológico.
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Ilustraciones y texto: "Acantilados de Maro - Cerro Gordo"
Junta
de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente.
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