"Cueva del Sifón"

FICHA: LA CUEVA DEL SIFÓN
Profundidad Máxima: 17 m
Profundidad media: 12 m
Corrientes: Nulas
Duración aproximada de la inmersión: 50 minutos
Detalles de la zona: Inmersión en pared y cueva
Dificultad: Media.
Acceso: Con Embarcación


Para la cueva se aconseja iluminación auxiliar.
La entrada de la cueva sólo se aconseja para buceadores habituados.
Nada mas salir por mar desde la Herradura, dándole la vuelta a la punta que forma esta enorme cala con el macizo de Cerro Gordo, en dirección hacia Poniente, es decir, hacia Maro, podemos admirar enormes formaciones rocosas, y acantilados casi verticales de unos 80 metros de altura sobre el nivel del mar. A unos cincuenta metros de esta punta, podemos observar en la pared desnuda, a unos 20 m del agua, como dos grandes muescas de lajas desprendidas de la pared. Estas muescas dibujan una especie de “V”, que señalando hacia abajo, parecen indicar la situación de esta cueva, ya que si seguimos esta indicación nos encontraremos ante la boca de la llamada cueva del sifón.

Si avanzamos unos metros mas, nos encontraremos una oquedad
también en forma de “v” invertida, en la que es posible entrar con una
embarcación pequeña, que es la llamada cueva de los ladrones. Todo esto, está seguido, de una pequeña bahía en la que es posible anclar algo protegido de los avatares del mar.

Por lo tanto, elegiremos el centro de esta bahía para anclar la embarcación, en una profundidad entre los 12 y los 7 metros, según nos acerquemos más o menos al rompiente, para desde aquí empezar nuestra inmersión.

Iniciamos nuestro recorrido bajando por el cabo del ancla y sobrevolando el fondo formado por grandes piedras de derrumbe, que continua descendiendo hacia mar abierto, hasta que sobre los 12 m. se termina, continuándose con cascajo y más adelante cayendo la profundidad muy suavemente, en una arenazo en el que es posible contemplar algunos Ceriantus e incluso alguna nacra.

En nuestro recorrido nos dirigiremos inicialmente, por la parte más
profunda, al objeto de seguir las pautas más ortodoxas del buceo, por el límite entre las rocas y el cascajo, en dirección hacia levante. Siguiendo esta línea y después de unos 25 metros, nos encontraremos con una gran roca que emerge desde el fondo, llegando hasta casi la superficie, despegada de la pared, y tras la cual está la enorme boca de la cueva que le da nombre a esta inmersión. Esta
gran roca, curiosamente, tiene casi idéntica forma a la boca de la cueva, por lo que parece el tapón enorme de esta cueva, de la que se hubiera desprendido. En la búsqueda de la boca, hay que mantenerse cerca de la pared, al objeto de no pasar de largo, con lo que no se encontraría la entrada de la cueva.

La apertura es bastante amplia, de unos 15 m de ancho en su base, y
de unos 10 m de altura, teniendo forma de “v” invertida, la cual en su parte superior izquierda, vista desde el mar, tiene también otra pequeña entrada, por la que cabe holgadamente un buceador. Una vez traspasado este gran umbral, accedemos a una gran sala cuyo fondo esta salpicado de pequeñas rocas y arenas consistentes, con lo que no corremos demasiado riesgo de entubiar el agua con nuestro aleteo, aunque es recomendable, mantenerse a cierta altura del fondo. Esta sala tiene una profundidad de unos 25 m, y va subiendo suavemente y
estrechándose conforme nos vamos adentrando en ella, a pesar de esto, siempre se conserva cierta entrada de luz, suficiente para orientarnos de nuevo hacia la salida.

Sin duda, lo más interesante de esta cueva, es el revestimiento de sus
paredes. Al ser una zona limitada a la luz natural, es el lugar preferido para especies esciafi las que eligen estas condiciones como su hábitat optimo. Está totalmente cubierta de distintas especies de animales, predominando un fondo de esponjas incrustantes, entre las que se han implantado numerosos hidrarios, y sobre todo grandes colonias de anémonas incrustantes amarillas (Parazoanthus axinellae), además de verdaderos corales como el coral anaranjado (Astroides
calycularis). Sobre este magnifi co tapiz es posible encontrar ascidias y las curiosas formaciones en roseta de los gusanos calcáreos como la sérpula salmacina que junto a algunos briozoos como la pentapora fascialis y el falso coral (Myriapora truncata) constituyen las estructuras más delicadas, con las cuales hay que tener el máximo cuidado por su fragilidad.

Entre este abigarrado tapiz, es muy frecuente encontrar algunos gusanos de penachos, tras de los cuales se ocultan algunos cangrejos, e incluso podemos descubrir la presencia de alguna langosta asomando sus antenas, mientras mantiene su cuerpo oculto en alguna grieta. Como singularidad, y emblema del Paraje, entre todos estos animales es muy frecuente encontrarnos diferentes especies de pequeños gusanos planos y de nudibranquios de llamativos colores. Después de una mirada minuciosa a la pared, podemos entretenernos con la contemplación de su accidentada orografía. Podemos ver en la pared de la derecha y en el suelo una oquedad con fondo de limo, que solo nos permite asomarnos un poco, por su estrechez, en la que es frecuente encontrar alguna brótola inquieta, que inmediatamente se oculta de nuestra vista introduciéndose en un hueco estrecho e inexplorado por el hombre. En ese mismo lado y hacia arriba, casi en el techo, existe también una oquedad que se va estrechando y que es frecuente morada de algún mero gitano, esto con respecto a la pared de la derecha.

En cuanto a la pared de la izquierda, y hacia la mitad de su recorrido,
podemos iniciar un suave ascenso controlado hasta la superficie, ya que existe una cúpula en la roca que sobrepasa el nivel del mar, con lo que se forma una burbuja de aire, en la que caben hasta cuatro buceadores. Esta burbuja tiene un pequeño agujero al exterior, por lo que la renovación del aire de su interior está asegurada. Precisamente este pequeño agujero produce un fenómeno bellísimo y curioso. Si se bucea, preferentemente durante el mes de Julio, sobre las dos de la tarde (que en verano son las 12 h solares), cuando el sol está ligeramente pasado de la posición cenital, es decir poco después del mediodía solar, la luz del sol, entra por ese agujero y penetra hasta el suelo de la cueva, en forma de cañón, como si fuese luz polarizada, iluminando prodigiosamente por unos instantes la cueva. Es un espectáculo único y que merece la pena observar en alguna ocasión. Debemos señalar también, que en los días en el que el mar no
esté muy calmado, no es conveniente visitar la burbuja, por el  ovimiento que las olas producen sobre el nivel del mar, lo que haría que pudiésemos chocar con las paredes de la roca.

Más adelante, la cueva se va reduciendo, hasta llegar a una zona estrecha dividida en dos por una columna. En esta zona es conveniente cuidar el aleteo, ya que el fondo aquí es de limo, y aquí si que podemos enturbiar excesivamente el agua. Es posible pasar ligeramente a la zona posterior de esta columna, en la que hay un pequeño vestíbulo, con dos lajas longitudinales inclinadas, en las que se ven con frecuencia algunas plateadas corvinas (Sciaena umbra), y
también es posible que se nos acerque curioso un gran congrio que tiene allí su morada, y que tiene la costumbre de acercarse a los focos.

A partir de aquí la cueva se estrecha bruscamente, de forma que solo
deja paso a un buceador con cierta dificultad, y a pesar de que luego se ensancha algo y presenta una segunda burbuja, a partir de esta zona no es recomendable el paso, mas que si se cuenta con la experiencia y el equipamiento propio del espéleobuceo. Este estrecho pasadizo poco después gira y se comunica por medio de una, casi recta galería, de forma redondeada, que desemboca en el inicio de la cueva de los ladrones. Muy frecuente en esta cueva es que nos
encontremos con la presencia de agua dulce que brota al mar desde la sierra, lo cual identificaremos por una zona en la que el agua parece vibrar debido a la mezcla de las aguas con diferentes salinidades.

Al salir de la cueva del sifón podemos entretenernos con la roca que
casi tapona su entrada, la cual esta llena de grietas y oquedades, y en cuyas paredes se suelen refugiar grandes bancos de sargos, en las grietas se pueden encontrar algunos congrios y morenas, con increíbles gambitas limpiadoras. Después de un rodeo a esa roca, podemos continuar unos instantes por la pared en dirección hacia levante y nos encontraremos unas grandes piedras entre las
cuales suelen habitar algunos huidizos meros, posteriormente nos dirigimos en sentido inverso, es decir hacia poniente, con la pared a nuestra derecha, pero esta vez, no seguiremos por la línea del fondo, sino que iremos ascendiendo, a media agua, siguiendo el relieve, hasta llegar a otra oquedad, ya que no es una cueva propiamente dicha.

Se trata de una cornisa en forma de “v” invertida, y que bajo el agua, sigue el relieve que antes hemos visto en la superficie, de forma que deja una ancha sala limitada por las dos paredes que se van estrechando hacia el fondo, y a su vez, va perdiendo fondo desde los 12 m en su inicio hasta unos 7 m en su final.


Antes de esto, si venimos desde la cueva del sifón, y siguiendo con la
pared a nuestra derecha, nos encontraremos, al lado y casi tapada por una gran piedra, una oquedad ancha, en la que si nos introducimos un poco podemos ver la tobera de salida de la cueva grande, y a veces en ella hay oculto algún mero, además de poder observar en sus paredes algún cangrejo fieltro, y pequeñas gambitas. Todos estos animales, son mucho más visibles en las inmersiones nocturnas, y esta pequeña oquedad es ideal para esa práctica.

Continuando hacia el fondo de la parte sumergida de la cueva de los
ladrones, y en su final, encontramos dos rajas, una a cada lado, las cuales observaremos cuidadosamente también, ya que es posible en ellas encontrar al huidizo “Gnathophyllum elegans”, un pequeño crustáceo de lunares, muy escaso, y que sin embargo en esta zona, es relativamente frecuente, además de bonitos camarones espinosos, con sus largas antenas, y también algún centollo.

Siguiendo con la pared a nuestra derecha, seguiremos por el otro lado de la “V”, contemplando la pared opuesta, que debido a su relativa oscuridad, esta totalmente tapizada de coral amarillo, y que tiene también algunas oquedades, con inquilinos incluidos, como algunos congrios que tienen su residencia permanente allí. Si continuamos, saldremos a mar abierto, aprovecharemos esta pared para hacer unos minutos de descompresión de seguridad, ya que no será necesaria por las profundidades y los tiempos de esta inmersión, y buscando la
superficie saldremos a escasos metros de la embarcación.

Esta inmersión, como hemos visto, es una de las mejores del Paraje,
recomendable sobre todo cuando el mar esta muy tranquilo, ya que no se encuentra especialmente protegida. Y en cuanto a ella, debemos decir, que tanto los buceadores independientes, como los que acuden con la ayuda de algunos de los numerosos clubes de la zona, deben de tener un especial cuidado con las especies que viven en la zona, la fragilidad de las paredes, hacen que no deban tocarse, y con mucha más razón se deberá tener especial cuidado con el aleteo, manteniendo una flotabilidad controlada en todo momento. Con el
paso del tiempo, hemos observado un deterioro progresivo en sus paredes, encontrándose en el fondo abundantes muestras de trozos arrancados por el descuido de los buceadores, por lo que probablemente, seria conveniente, algún tipo de control de las inmersiones en ella, o bien controlar el numero de buceadores que puedan visitarla, o bien reservarla durante algún tiempo, al objeto de facilitar su recuperación.

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Ilustraciones y texto: "Acantilados de Maro - Cerro Gordo"
Junta de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente.