"Los Ceriantus (Los Huertos)"

FICHA: LOS CERIANTUS
Profundidad Máxima: 19 m
Profundidad media: 12 m
Corrientes: Alguna vez, paralela a la costa, generalmente ligera
Duración aproximada de la inmersión: 50 minutos
Detalles de la zona: Interés biológico, presencia ocasional de peces luna.
Dificultad: Media
Acceso: Con embarcación


Dentro de la zona descrita en la inmersión de la Cueva de las Palomas,
distinguíamos tres partes, en el saliente que forma el acantilado, también
llamado por algunos “La Higuerilla”, pues bien, la zona de “los Ceriantus”, es la zona recta que mira al mar, es decir hacia el Sur, de forma paralela a la costa. Es una zona larga de unos 100 m, con diferentes desniveles, como escalones que van cayendo hacia el fondo, hasta llegar a la arena, situada en unos 19 m. Por su longitud, puede hacerse en su totalidad, si no nos entretenemos demasiado, o en dos veces, una en cada sentido, hacia levante o hacia poniente desde el centro. Aquí, a veces, sí podemos encontrar alguna ligera corriente, por lo que, es conveniente intentar ver la dirección que esta lleva, antes de iniciar la inmersión, al objeto de anclar la embarcación en el lugar adecuado, de manera que iniciemos la inmersión contracorriente, para que el regreso a la embarcación la hagamos sin dificultad ayudados por la suave corriente.

De cualquier manera, que decidamos hacer el recorrido submarino,
anclaremos siempre en la suave pendiente rocosa que forma el acantilado, aprovechando uno de los escalones de media profundidad, sobre unos 10 m, de forma que al regresar por menos fondo encontremos fácilmente el fondeo de la embarcación, para lo cual, al iniciar la inmersión, y después de asegurarnos de que el ancla esta firmemente sujeta, y que no daña a ningún revestimiento rocoso, nos fijaremos en la cota en la que la hemos situado, para regresar al terminar la inmersión por esa misma cota. De todas maneras, si no encontramos el cabo del ancla, la alternativa será subir por el acantilado, mas o menos, a la altura de donde dejamos la embarcación, entretenernos en poco fondo en el roqueo unos minutos, para hacer una descompresión de seguridad, ya que las paradas obligatorias serán rara vez necesarias, dado el tiempo en el fondo que habremos pasado, y posteriormente salir a la superficie, con lo que estaremos con toda seguridad a solo unos metros de la embarcación.

El recorrido, sea cual sea el sentido en el que la hagamos, será con la
pared a un lado, a la ida, y al lado contrario a la vuelta. Empezaremos bajando desde el fondeo hacia el fondo, hasta llegar a la arena, y seguiremos la línea de la arena con las rocas, hasta la longitud que consideremos conveniente, mientras que el regreso lo haremos en sentido contrario, mientras vamos perdiendo profundidad, aprovechando así, para hacer un recorrido distinto que a la ida.

En primer lugar, lo que nos llamará la atención, son la gran cantidad
de doncellas, defendiendo sus puestas, sobre todo de los innumerables peces talasomas o fadriles de la zona, además de multitud de grupos de pequeños sargos y mojarras, seguidos a veces de bancos de salpas o salemas que suben y bajan a picotear las numerosas algas que revisten las rocas. Continuamos bajando, casi en línea recta, hasta llegar a la arena, y allí torceremos hacia Levante o Poniente según el sentido de la corriente y la planificación de la inmersión que hallamos realizado previamente. De las primeras cosas que nos llamaran la atención es la
gran cantidad de Ceriantus membranaceus que nos iremos encontrando por el fondo, y que le da nombre a la zona, en cuyo pie quitinoso veremos protegidos numerosas colonias de pequeños foroideos, normalmente están totalmente abiertos con los pólipos extendidos, mecidos por la suave corriente. En la arena podemos encontrar también numerosas actinias, algunas acompañadas de los bellos periclimenes que se refugian en sus tentáculos. También son frecuentes en esta zona numerosos salmonetes que rebuscan con sus barbas en la arena a la caza de pequeños crustáceos y gusanos en los que consiste su dieta habitual.

Toda esta belleza no debe hacernos olvidar, de dirigir, de vez en cuando,
nuestra mirada hacia al azul, hacia mar abierto, ya que si lo hacemos podemos ver grandes bancos de alevines de boquerones y sardinas y otras especies que buscan protección en la zona, por lo que en estos fondos, también es frecuente el encuentro con bancos de carángidos que acuden al reclamo de esta enorme riqueza biológica.

Es aquí también, donde con frecuencia, podemos tener el encuentro inesperado, con una de las especies emblemáticas del Paraje Natural, y muy perseguida por el buceador visitante. Es una zona de paso, y estación de limpieza de grandes peces luna (Mola mola), que en actitud erguida, se ofrecen a las doncellas, para que estas los libren de los parásitos que albergan en su rugosa piel. En estos momentos este pez de forma extraña, está especialmente tranquilo, por lo que si tenemos paciencia, podremos acercarnos bastante y observar detenidamente su extraña anatomía.

Dirigimos nuestra atención luego hacia el acantilado, mientras continuamos nuestro recorrido, encontrándonos con enormes piedras, que
ascienden hacia la superficie, a veces con unos 10 m de altura sobre el fondo, y en cuya base, se han formado grandes huecos, en los que habitan congrios y morenas, y donde grandes pulpos hacen su puesta, y a veces, con suerte, si el destino le ha salvado de los pescadores submarinos ilegales, podemos toparnos por breves instantes, con algún pequeño mero sobreviviente, que consciente del peligro al que está sometido, se esconderá rápidamente en su boquete.

Observaremos el rico tapiz de estas rocas, en las que no queda sitio libre
sin ocupar por esponjas, ascidias, cnidarios, algas, y en las partes sombrías, volveremos a encontrar el coral anaranjado, emblema de este Paraje Natural, junto con colonias de falso coral (Myriapora truncata), junto a otros briozoos como la Pentápora fascialis, y una gran variedad de nudibranquios y platelmintos que son la delicia de los fotógrafos submarinos. De destacar también son las numerosas colonias de ascidias como la Clavelina y la piña de mar.

Regresaremos con la pared en el costado opuesto al de la ida, ascendiendo por la suave pendiente rocosa, aprovechando para fijarnos en la diferente vida que alberga el lugar según su grado de iluminación y de profundidad.

En resumen, es una inmersión de alto interés biológico, que requiere un
poquito de atención, con el recorrido, y con la orientación para el regreso a la embarcación. En caso de realizarla de noche, contaremos con el añadido de la belleza de los cnidarios como la Alicia mirabilis, el Veretillum, y también es fácil encontrar el raro pulpo de patas largas, o pulpo rojo, el Octupus macropus.
 

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Ilustraciones y texto: "Acantilados de Maro - Cerro Gordo"
Junta de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente.