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"La Pared Amarilla"
FICHA:
LA PARED AMARILLA
Después de admirar las grandes
paredes del acantilado, que nos Inicialmente podemos encontrarnos grandes rocas, procedentes de derrumbes del acantilado, con huecos entre ellas, que son morada de las especies habituales en la zona, sobre las cuales podemos entretenernos con la contemplación de diferentes serránidos, como el pez “cabrilla”, o el vistoso escribano, además de frecuentes pulpos, y alguna morena. Más adelante, las piedras de derrumbre dan paso a la pared desnuda del acantilado que cae bruscamente, casi en vertical, siguiendo la misma línea que habremos observado en el acantilado en su parte aérea Es aquí donde podemos contemplar, sobre todo entre dos aguas, unas oquedades, o para mas exactitud, unas concavidades en la roca, tapizadas del coral anaranjado, y en las cuales se suelen refugiar bancos de sargos aprovechando la sombra que los extraplomos le proporcionan, y que van separándose paulatinamente mientras el buceador se va acercando y pasando entre ellos. También son frecuentes, anclados en esa pared, la existencia de grandes gusanos tubícolas como espirógrafos. Siguiendo la inmersión, llegamos a la punta, superándola, y volveremos a encontrar allí, otra vez, numerosas rocas de derrumbre, en un paisaje parecido al otro lado del pequeño cabo, y con una fauna muy similar, abundando los pulpos, los congrios y las morenas. Cuando veamos un congrio en su boquete, debemos mirar con atención ya que es frecuente que tengan algunas gambitas limpiadoras a su alrededor. Es de resaltar aquí una gran piedra, en el fondo, de forma aplanada, en la que se implantan pequeñas gorgonias. Por esa zona, unos 50 m más adelante ya es momento de iniciar el regreso, dependiendo de la velocidad con que llevemos la inmersión, si nos hemos entretenido por el camino, observando todo lo que hemos citado. Si por el contrario hemos ido rápido, se pueden alcanzar algunos metros mas, siguiendo por la misma pared, aunque habrá que tener en cuenta que por esta zona la profundidad del fondo de arena alcanza unos 3 metros mas, llegando hasta los 23,5 metros. El regreso, como siempre, lo hacemos perdiendo profundidad paulatinamente, y yendo entre dos aguas, esta vez con la pared a nuestra izquierda, con lo que encontraremos con toda seguridad el cabo del ancla de la embarcación, para lo cual, es una buena costumbre, al bajar, comprobar y anotar mentalmente la profundidad en la que la echamos, para regresar por ese mismo fondo y así encontrarla con seguridad. De todas maneras, y en caso de no encontrarla, realizaremos los últimos minutos, y si acaso, algunos minutos de descompresión de seguridad, en la pared, mientras nos entretenemos contemplando sus incrustaciones, si se ha dado el caso de haber permanecido mucho tiempo en el máximo fondo. Después de esto, se puede salir a superficie, y solo habrá que seguir aleteando, paralelos a la pared unos metros, hasta llegar a la embarcación sin ningún problema. Es de reseñar en esta punta, como importante, y muy del gusto de la mayoría de los buceadores, la frecuente presencia de peces luna (Mola mola), que acuden a esta zona, sobre todo desde la primavera al otoño, a sus “estaciones de limpieza”, gracias a la curiosa costumbre que tienen las doncellas de limpiar la piel de parásitos de estos animales. A veces, nos hemos encontrado hasta cinco o seis ejemplares juntos, sobre todo durante la primavera, adoptando una curiosa postura en vertical, mirando hacia la superficie, mientras las doncellas limpian de parásitos la rugosa piel de estos extraños peces. Si nos acercamos a ellos muy lentamente podemos llegar a escasos centímetros en incluso llegar a tocarlos, tras lo cual parecerán despertar de un letargo y se perderán en el azul con una rapidez inesperada por la forma de su cuerpo. Es esta una inmersión, con grado de dificultad medio, en la que tampoco suelen haber corrientes, y además el fondo puede elegirse, según el nivel y el gusto de cada buceador a lo largo de la pared.
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